¡ Adios, Beatriz Fonseca ! (2)

Al llegar Gilma Beatriz Fonseca Navarrete a los dieciocho años de edad, ocurrió lo que tanto le preocupaba a su padre: que conociera a un hombre, se casara y se fuera del hogar.

Pero como se aprecia en esta fotografía, la belleza de su rostro… su hermosa mirada… sus labios sensuales… su cabello perfumado… su elegancia y su carácter alegre, atrajeron no a un hombre… ¡ sino a cinco ¡.

El primero resultó ser un odontólogo de 22 años: el doctor Pedro Enrique Iregui hijo, quien tenía su consultorio en la calle 13 a pocos pasos arriba de la carrera cuarta y más exactamente a media cuadra del “Edificio Monserrate”, donde en esa época funcionaban las instalaciones del periódico EL ESPECTADOR.

Gilma Beatriz había conocido al doctor Iregui porque mi madre, María del Carmen Navarrete Gómez, la había llevado a su consultorio un día en el cual la joven presentaba un dolor de muela. Y coincidencialmente, Iregui era hijo del dueño del “Edificio Pedro Enrique Iregui”, ubicado en el “Barrio Santa Fe”, donde Betty trabajaba con la Bacterióloga Beatriz Almanza Triana.

En el comienzo del tratamiento dental la relación con el joven Iregui fue normal. Pero con el transcurso de los días, Betty se lo encontraba no solo en el consultorio, sino en el laboratorio de la doctora Almanza. Y al notar que el muchacho no tenía buenas intenciones, suspendió el tratamiento y no regresó a su consultorio.

El segundo pretendiente, Enrique Martínez, había sido aceptado por Luís Alberto Fonseca por tratarse de un compañero de trabajo en “HB Estructuras Metálicas Ltda”. Pero a Betty no le agradaba la idea de ser su novia, porque lo consideraba un “hombre mayor”, que le llevaba más de quince años de edad.

A los otros tres pretendientes los había conocido durante las giras que hacía con el “Partido Liberal de Bogotá” y ellos, al darse cuenta del rechazo de Luís Alberto Fonseca, decidieron ganarse su confianza acompañándolo a cantar en las tiendas del “Barrio La Perseverancia” durante los fines de semana.

Se trataba de Pedro Vega, un empleado de la oficina de “Anales de la Asamblea de Diputados del Departamento de Cundinamarca”; Luís Antonio Bogotá, quien laboraba como profesor del “Área de Mecánica Industrial” del “Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)”, donde era muy apreciado porque había hecho 3 Carreras profesionales; y José Camargo, un pariente lejano de Luís Alberto Fonseca en Sogamoso (Boyacá).

Betty se compromete en matrimonio con Pedro Vega

El 4 de Diciembre de 1956, cuando cumplió 18 años, Gilma Beatriz Fonseca se comprometió en matrimonio con el joven Pedro Vega, con quien aparece en estas fotografías, captadas en el patio de la casa de su primo Enrique Fonseca Cuervo, en el “Barrio Ricaurte”, donde se oficializó el compromiso con el permiso de los padres de Betty: Luís Alberto y Blanca María. En la foto superior aparecen los dos contrayentes y en la inferior la pareja está acompañada por Alfredo Fonseca Navarrete, quien se ubicó en el extremo izquierdo de la gráfica.

Jesús Fonseca Gutiérrez, padrino de la boda de Beatriz
y defensor de los cafeteros colombianos

Al hacer oficialmente el anuncio de su matrimonio con Pedro Vega, su tío, el abogado Jesús Fonseca Gutiérrez –quien aparece en el centro de la foto–, aceptó ser el padrino de la boda, junto con su esposa Avelina Barrera de Fonseca.

De izquierda a derecha aparecen Arquímedes Benjamín Fonseca Camargo, con su nieto Francisco González Fonseca; Gilma Beatriz Fonseca Navarrete, Jesús Fonseca Gutiérrez, Blanca María Navarrete Gómez y su hijo Gustavo Fonseca Navarrete.

El noviazgo de Beatriz con Pedro Vega duró 3 años y terminó en 1959, cuando el joven viajó en secreto con una amiga a Puerto Berrío (Antioquia), para divertirse con ella durante varios días. Betty anuló su compromiso matrimonial y suspendió las relaciones personales con su prometido.

El abogado Jesús Fonseca Gutiérrez (de espaldas en el extremo izquierdo de la foto), sirve las copas de champaña durante el acto social y político que convocó en la casa de su sobrino Enrique Fonseca, para celebrar el onomástico de Betty, el 4 de Diciembre de 1956.

En la gráfica aparecen, de izquierda a derecha, Gilma Beatriz Fonseca Navarrete, la homenajeada; Alejandrina Cuervo Benavides (esposa de Arquímedes Benjamín Fonseca Camargo y representante del Partido Conservador), quien sostiene la bandeja con las copas y Blanca María Navarrete Gómez, madre de Betty. En el fondo de la gráfica aparecen dialogando el Diputado de la Asamblea de Cundinamarca, Luís Eduardo Aldana Soto (representante del Partido Liberal, detrás de Blanca María), con Enrique Fonseca Cuervo, cuyo rostro lo cubre Aleja Cuervo.

En cuanto se refiere al anfitrión del acto social organizado para celebrar los 18 años de Gilma Beatriz Fonseca, el político conservador Jesús Fonseca Gutiérrez –quien había aceptado ser padrino de la frustrada boda de Betty con Pedro Vega–, es conveniente recordar que se trata del abogado que en los años 60 del Siglo XX se destacó por la vehemente defensa que hizo de los cafeteros de Colombia, durante las negociaciones del Acuerdo Internacional del Café, en su calidad de asesor del Gerente General de la Federación Nacional de Cafeteros, Jorge Cárdenas Gutiérrez, para lograr que los productores colombianos pudieran beneficiarse de precios altos del grano y de un mercado internacional estable a largo plazo.

Por su impecable labor al frente de los procesos de carácter legal que atendió en la Federación, el doctor Fonseca Gutiérrez tuvo desde 1963 el aprecio del doctor Cárdenas Gutiérrez y el respeto de todos los directivos de la entidad que representa los intereses de centenares de miles de familias que, a base de trabajo y constancia, han logrado convertir el café de Colombia, no solo en el producto de mayor exportación, sino el de más alta calidad a nivel mundial.

Aun cuando Gilma Beatriz rompió en 1959 el compromiso matrimonial que había pactado en 1956 con Pedro Vega, él regresó meses después para tratar de renovar el noviazgo. Una de las invitaciones que hizo con ese propósito quedó registrada en esta fotografía del 4 de Diciembre de 1961, cuando Vega invitó a madre e hija a celebrar los 23 años de Betty en la “Pastelería Monte Blanco”, que funcionaba en el segundo piso del edificio ubicado frente a EL TIEMPO, en el costado Occidental de la Avenida Jiménez con carrera séptima.

La Pastelería era uno de los lugares más frecuentados por las parejas de enamorados en la Bogotá de los años 60 del Siglo XX. Además, el edificio era popular entre los empleados y estudiantes universitarios, porque en el primer piso funcionaba el “Almacén Parker” de Alfonso Puerta, especializado en la importación de los famosos estilógrafos Parker y Sheaffers, además de accesorios para hombre, tales como pisacorbatas, mancornas y los relojes Longines, de fama mundial.

Mientras le celebraba el cumpleaños a Gilma Beatriz en la “Pastelería Monte Blanco”, Blanca María le regaló a su hija el relicario que ella luce en el cuello y que le fue robado pocas semanas después en “Almacenes Telandia”, donde trabajaba en esa época.

Betty, candidata al Reinado de Belleza de FETRAMECOL

El 26 de Septiembre de 1956, la “Federación de Trabajadores Metalúrgicos de Colombia”, organizó el “Reinado Nacional de la Belleza de FETRAMECOL”, que se realizó en uno de los clubes de Bogotá.

La fecha coincidió con la celebración del “Día de los Novios” y al evento asistieron los directivos de varias empresas del gremio metalúrgico, entre ellas “Herman Boehlen (HB) Estructuras Metálicas Ltda.”, especializada en la construcción de puentes de hierro y donde trabajaba Luís Alberto Fonseca Camargo.

La postulación de Gilma Beatriz Fonseca Navarrete como candidata al reinado, la hizo un profesor de los niños Alberto y Gustavo Fonseca en la “Escuela Miranda”, del “Barrio La Perseverancia”, con el respaldo de varios directivos y trabajadores metalúrgicos.

Al final, por mayoría de votos de los asistentes, la joven Gloria Rincón fue elegida “Reina de FETRAMECOL”. En la fotografía aparece el Presidente de la Federación cuando anunciaba por micrófono los resultados de la votación y manifestaba que como Virreina había sido elegida Gilma Beatriz Fonseca, quien aparece entre el locutor y la niña declarada Reina del certamen para el período 1956-1957.

Candidatizada al “Reinado de Belleza de Cueros Haití”

En su juventud Luís Alberto Fonseca Camargo –quien aparece de tercero de izquierda a derecha–, había acompañado en diversas ocasiones a Lisandro Álvarez, un pariente lejano de Sogamoso (Boyacá), a realizar diferentes negocios en Cúcuta y Venezuela, entre los cuales figuraba la importación de materia prima para fabricar maletines, bolsas, cinturones y carteras de cuero, entre otros productos.

En Noviembre de 1956, Lisandro invitó a su antiguo compañero de viajes al cumpleaños de una de sus hijas, que se festejaría en el que entonces se llamaba “Club de Bogotá”.

En esa reunión aparecen, de izquierda a derecha, Alfredo Fonseca Navarrete, Blanca María Navarrete Gómez, Luís Alberto Fonseca Camargo y Gilma Beatriz Fonseca Navarrete, quien cumpliría 18 años al mes siguiente de esta reunión, el 4 de Diciembre.

Al cumpleaños de la hija de Lisandro habían sido invitados, además, varios empresarios afiliados a la “Asociación de Trabajadores de Materiales del Cuero”. Álvarez era uno de ellos y su fábrica se denominaba “Cueros Haití”.

Al enterarse de que Gilma Beatriz estaba próxima a cumplir años y ese día se encontraba con sus padres y uno de sus hermanos, Lisandro y varios de sus amigos la postularon al “Reinado de Belleza de Cueros Haití”, junto a otras cuatro candidatas, en medio de aplausos y ovaciones. Sin embargo, a la hora de comenzar las votaciones, alguien advirtió que Betty no pertenecía al gremio de los trabajadores del cuero y la dejaron por fuera debido a que se trataba de un concurso exclusivo para ellos y destinado a recoger dinero para financiar las actividades de la Asociación.

Una vez elegida la respectiva reina comenzó la fiesta, amenizada con melodías de Colombia y Venezuela. Y cuando las parejas bailaban animadamente, apareció de repente el novio de Betty, Pedro Vega, a quien Luís Alberto no había invitado a la reunión. Betty se molestó por el hecho de que Vega se hubiera “colado de pato” en el lugar, además de presentarse borracho y no quiso bailar con él.

Para desquitarse de Betty, Pedro Vega sacó a bailar a la esposa de uno de los trabajadores metalúrgicos y para darle celos comenzó a danzar con la muchacha en actitud romántica, como si fueran novios, a pesar de que ella trataba de que él no se le arrimara demasiado. Con lo que no contaba Pedro Vega era con que el marido de la joven no le había quitado la vista de encima y furioso por la forma como apretaba a su mujer, de un momento a otro se abalanzó sobre él con varios de sus compañeros y entre todos le dieron trompadas hasta hacerle sangrar el rostro, mientras lo seguían golpeando en el estómago y el pecho.

Al observar la muenda que Pedro Vega estaba recibiendo, Luís Alberto le dijo a Betty: “Vaya defiéndalo… es su novio… ¿Acaso no se van a comprometer en matrimonio?”. La respuesta de ella, como me la relató, me hizo reír a carcajada plena: “Yo no lo invité… vino por su cuenta… ¡ que se friegue !”.

Al margen de esta situación y regresando a la fotografía en la cual aparecen Luís Alberto Fonseca Camargo, su esposa e hijos, se aprecia el hecho de que Alfredo Fonseca –quien en esa época tenía catorce años de edad–, comenzaba a destacarse por su rápido crecimiento físico y elegancia juvenil, motivos por los cuales atraía las miradas femeninas por donde quiera que pasaba.

Durante la época en la cual Gilma Beatriz Fonseca explicó detalles de su adolescencia, recordaba el estricto control que su padre Luís Alberto ejercía sobre ella y su hermano Alfredo.

La vigilancia paterna lograba ser burlada –a veces a escondidas–, como el instante que quedó registrado para la posteridad, cuando aparecen bailando el ritmo de los años 50 del Siglo XX, el Rock and Roll, una música norteamericana popularizada por el cantante Elvis Presley, que no era del agrado del padre de los jóvenes, porque consideraba que el mejor del mundo era el folclor colombiano. Sin embargo, el Rock and Roll fue una música bailable que conquistó al mundo juvenil por la alegría y el entusiasmo que despertaban sus movimientos.

La gráfica fue captada el 16 de Julio de 1957, cuando Alfredo Fonseca celebró los 15 años con su hermana, quien en esa época tenía 18, porque el 4 de Diciembre del mismo año ella cumpliría 19.

El “TIA” capacita a Betty Fonseca para nombrarla Gerente

El diputado Luis Eduardo Aldana Soto, teniendo en cuenta que Gilma Beatriz no poseía una máquina de escribir, le puso a su disposición la oficina donde trabajaba con el Presidente de la Asamblea Departamental de Cundinamarca, Edmundo Guevara Triana y con el abogado Daniel Miranda, para que ella pudiera practicar en ese lugar la mecanografía que estaba aprendiendo con Beatriz Mignone, dueña de la Academia de Modas.

Betty aceptó el ofrecimiento sin informarle a su papá, para no agravar las tensiones familiares y al desarrollar la habilidad de escribir en máquina la puso en práctica en la “Cadena de Almacenes TIA”. En la gráfica aparece cuando desempeñaba las funciones de Impulsadora de Cosméticos en la sucursal del “Barrio Chapinero”, al Norte de Bogotá.

Después de observar la eficiencia de Gilma Beatriz, su seriedad y la habilidad para tratar con el público y los trabajadores, los “Almacenes TIA” comenzaron a ubicarla en diversos cargos, con el propósito de mejorar su desempeño laboral integral y permitirle ir familiarizándose gradualmente con todo lo relacionado con las ventas, la administración de la Empresa y el manejo de personal.

Al relatar los pormenores de su Historia Laboral, Betty reconoció que, sin que ella lo notara, la “Cadena de Almacenes TIA” la estaba capacitando profesionalmente para convertirla en Gerente de una de las Sucursales, porque habían descubierto que, a pesar de no haber estudiado Administración de Empresas, tenía aptitudes gerenciales que iban mejorando a medida que trabajaba.

Para lograr ese objetivo, el 11 de Noviembre de 1953 (cuando se aproximaba a cumplir 15 años), la nombraron Cajera de la Sección de Perfumería en la sucursal del centro. En ese cargo observaron que había desarrollado un manejo pulcro y eficiente del dinero en efectivo.

Después la designaron Jefe de Sección, donde comprobaron su habilidad para elevar los niveles de cumplimiento de las empleadas y la satisfacción de la clientela. Más tarde la trasladaron al Archivo para que se familiarizara con la historia laboral del personal y de allí fue trasladada a la Sucursal de Chapinero, donde demostró sus habilidades como Locutora para hacer propaganda comercial.

Al comprobar posteriormente su eficiencia en el Depósito de la empresa, le ofrecieron el cargo de Jefe de Personal en las sucursales del Barrio Restrepo o Fontibón, pero no aceptó porque no se sentía capacitada para ese cargo. Ante esa negativa decidieron nombrarla Inspectora en Chapinero a cargo de 4 secciones: Perfumería, Bisutería (aretes, collares) y Discos, como aparece en la fotografía.

Y mientras la Empresa la capacitaba, el día en el que se hacía “Inventario de Existencias” le tocaba demorarse hasta medianoche y allá llegaba su papá a insultar al Gerente porque la hacían trabajar tanto. Obviamente quien quedaba mal con la empresa era ella.

Por su personalidad alegre y espíritu conciliador, Gilma Beatriz Fonseca se convirtió desde 1956 en la más respetada de las empleadas del “Almacén TIA” de Chapinero. Y ella, por su parte, compartía con entusiasmo las actividades familiares de las vendedoras. Así quedó demostrado durante la celebración de los 15 años de la niña de traje blanco (a la izquierda) en el “Barrio Modelo” del Norte de Bogotá.

La joven que aparece de tercera de izquierda a derecha, al lado de Betty, era Alcira, Inspectora de Comestibles como salsamentaria, cigarrería y lonchería. La del extremo derecho, de traje oscuro, era la encargada de Lencería (artículos de aluminio).

La joven que no puede contener la risa trabajaba en la Sección de Medias y la otra que también aparece arrodillada, de traje negro, trabajaba en la Sección de Lencería (hilos, agujas, carreteles, cremalleras, etc).

Betty paraliza la operación del “Almacén TIA”, para protestar

Al llegar a los 18 años de edad, Gilma Beatriz llevaba ya cinco años de trabajo en la “Cadena de Almacenes TIA”, de Bogotá, porque los dueños de la empresa, Antonio y Fuad Estoye, le habían permitido entrar a laborar en la sucursal de la carrera 10ª. con calle 11, cuando apenas tenía 13 años y aceptó desempeñar cualquier clase de trabajo que le encomendaran.

Por la cortesía y eficiencia con las cuales trataba a las jóvenes y señoras que frecuentaban el almacén del TIA en el centro de Bogotá, Gilma Beatriz fue ascendida a diferentes cargos, como quedó explicado en párrafos anteriores.

“Fue una de las épocas más fructíferas de mi vida laboral, por la amistad, apoyo y respeto que me prodigaron siempre mis compañeras, por la forma como las defendía cada vez que eran objeto de malos tratos”, comentaba al recordar la gestión conciliadora que cumplía cada vez que se presentaba un conflicto interno.

En 1956 había sido trasladada a la sucursal de Chapinero, donde estaba considerada como una de las mejores empleadas de la Cadena. En ese lugar se le tomó otra fotografía que la muestra al frente de la “Sección de Venta de Collares y Estuches Plásticos”, con el rostro cubierto por un velo.

Un día, cansada de ver cómo la Inspectora del lugar jalaba del cabello a las empleadas a las cuales acusaba de ser ladronas –así fuera cierto o no–, Gilma Beatriz lideró una protesta colectiva que paralizó el funcionamiento de la sucursal de Chapinero por quince minutos, de 6.45 a 7 de la noche, horario considerado de máxima importancia por la gran afluencia de público.

La empresa le dio la razón despidiendo a la Inspectora y designándola en su reemplazo, pero de todas maneras su actitud fue considerada perjudicial para la entidad.

Coincidencialmente, cuando lideró el paro Gilma Beatriz no sabía que la iban a nombrar Asistente de la Jefe de Personal en la sucursal del centro, que era la de mayores beneficios económicos de la empresa, para ascenderla posteriormente a Gerente, en vista de los resultados positivos que estaba generando en la sucursal de Chapinero.

A manera de sanción Betty fue trasladada de regreso a la sucursal del centro de Bogotá y el sindicato convocó una reunión general para apoyarla y debatir la situación, debido a que consideraban a Gilma Beatriz como una líder en potencia, por el respaldo general que estaba encontrando entre los trabajadores.

El resultado de esa reunión era de esperarse: Discordia entre las partes.

Mientras el sindicato y las empleadas del “TIA” apoyaban a Gilma Beatriz, los directivos de la empresa se oponían a permitir que fuera designada Asistente de la Jefe de Personal y mucho menos Gerente, porque no le perdonaban que le hubiera causado pérdidas económicas a la compañía, al paralizar la jornada laboral durante un tiempo en el cual había gran afluencia de público en la sucursal de Chapinero.

“Si continúa con la misma actitud cuando la asciendan de cargo, de actual Inspectora en Chapinero a Asistente de la Jefe de Personal en el Almacén del Centro, y posteriormente a Gerente, nos causará grandes pérdidas”, argumentaban.

Su récord laboral de excelencia en el cumplimiento de sus funciones la salvó de un despido fulminante y se le permitió continuar trabajando de vendedora dos años más, en la sucursal del centro, ubicada en la carrera décima con calle 11.

Durante ese lapso de tiempo conoció a quien 9 años después sería su esposo, en 1965, el ciudadano palestino Mohamah Mustaffá Ahmad, porque acompañaba a sus compañeras de trabajo a pagar los préstamos que él les concedía.

En el mismo almacén TIA del centro trabajaba en esa época la joven María Cecilia del Socorro Sierra Diosa vendiendo discos y allí conoció a quien un año después sería su esposo, Alfredo Fonseca Navarrete, hermano de Betty.

Betty, designada Líder de las Juventudes Liberales

En 1957, al cumplir 19 años, Gilma Beatriz Fonseca fue designada Líder de los jóvenes que militaban en el “Partido Liberal Colombiano”, seccional Bogotá, como reconocimiento a la labor cumplida en diferentes barrios de la capital del país, por la cooperación que les brindaba a los dirigentes políticos locales.

Con este motivo, el Diputado de la Asamblea de Cundinamarca, Luís Eduardo Aldana Soto y el “Comité Liberal del Barrio La Perseverancia” organizaron un homenaje en honor a Gilma Beatriz, quien aparece en estas dos fotografías, celebrando su designación.

En la gráfica superior, Aldana Soto y los políticos liberales festejan la exaltación de Gilma Beatriz y en la foto inferior la madre de la joven, Blanca María Navarrete Gómez, demuestra su satisfacción por los éxitos de la carrera política que obtenía su hija dentro del Partido Liberal. En esa época la tía Blanca tenía 43 años de edad y a pesar de las adversidades, su rostro no mostraba los efectos de la vida difícil que llevaba. “Ante todo, la dignidad de mujer”, decía en privado.

El 9 de Abril de 1958, diez años después del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, los habitantes del barrio “La Perseverancia”, le rindieron un homenaje póstumo y le correspondió a Gilma Beatriz leer una proclama femenina del “Comité Liberal”, en representación de la mujer bogotana y exaltando la mejoría del frustrado Presidente de la clase obrera colombiana.

En 2015, al ver esta fotografía, Betty recordaba el lugar donde tuvo el honor de participar en ese acto político a sus 19 años de edad y manifestaba que frente a la plazoleta quedaba una tienda de venta de comestibles, de propiedad de Régulo Martínez y su mujer Patricia de Martínez, padres del segundo novio que Beatriz tenía en esa época: Enrique Martínez, un “marcador” de la soldadura de puentes de hierro en “Herman Boehlen (HB)”, empresa donde trabajaba su padre, Luis Alberto Fonseca Camargo.

“Luis, yo quiero casarme con Gilma Beatriz. Espero que me des la oportunidad cuando yo cumpla 35 años y poder darle lo que merece”, le decía Martínez a Luís Alberto Fonseca, quien no contestaba nada, para no estimular el interés de su amigo por la muchacha.

Enrique Martínez, quien marcaba los puntos de soldadura de los puentes de hierro que se fabricaban en la “Empresa Herman Boehlen (HB) Estructuras Metálicas Ltda.”, era el único hombre que Luis Alberto Fonseca Camargo aceptaba como pretendiente de su hija Gilma Beatriz, por considerarlo una persona seria y responsable.

En 1959, Martínez se convirtió en el segundo novio de Gilma Beatriz, al romper ella el compromiso matrimonial que había aceptado a los 18 años con Pedro Vega, como quedó explicado en el comienzo de este artículo. Mientras tanto, otros dos pretendientes, Luís Antonio Bogotá y José Camargo, no renunciaban a su aspiración de reemplazar a Enrique Martínez en el corazón de la sonriente líder de las juventudes liberales de Bogotá.

El Domingo 17 de Diciembre de 1961 fue un día histórico para Colombia y los Estados Unidos.

En esa oportunidad el Presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy llegó a Bogotá para poner en marcha el programa de la “Alianza para el Progreso”, a través del cual los Estados Unidos invertirían 500 millones de dólares en el mejoramiento de las condiciones sociales de los habitantes de América Latina.

Y mientras yo me las ingeniaba para hacer parte del centenar de periodistas extranjeros y colombianos que cubrían la visita del Presidente Kennedy en el Aeropuerto Internacional de ElDorado, con el propósito de conocerlo personalmente, mi prima Gilma Beatriz Fonseca, en su calidad de Líder de las Juventudes del Partido Liberal, tenía el privilegio de recibir y atender al enviado del Presidente Kennedy.

Se trataba del Embajador de los Estados Unidos en Colombia, señor Fulton Freeman, quien cumplía la misión de representar al Presidente Kennedy, en la ceremonia de inauguración de la “Escuela Thomas Jefferson”, dedicada a las hijas e hijos de los habitantes del barrio “La Perseverancia”, que era habitado en esa época por desplazados de la violencia que procedían de diferentes ciudades de Colombia.

En ese acto Gilma Beatriz Fonseca Navarrete aparece en el momento en que entregaba un ramo de flores a la señora de Freeman, Phyllis Towne Eaton, mientras el diplomático norteamericano lee un mensaje de felicitación del entonces Secretario de Estado, por las gestiones realizadas para garantizar el éxito de la visita de Kennedy.

En el centro de la gráfica, con un sombrero blanco en la cabeza, aparece María Victoria Correa, quien durante varios años desempeñó las funciones de Jefa de Protocolo de la Misión Americana en el despacho del Embajador Freeman, cargo en el cual fue reemplazada en los años 70 por Cecilia Zurita, una de mis compañeras de trabajo en la Embajada durante la administración de los Embajadores Leonard J. Saccio y Viron Peter Vaky, quien luego fue ascendido a Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos en Washington. (Foto de Hernán Sarmiento, del Servicio Cultural e Informativo de los Estados Unidos (USIS).

El recuerdo de todos estos detalles tiene como propósito destacar el hecho de que Gilma Beatriz, Alfredo Fonseca y yo, nacimos en una pobreza absoluta y a pesar de no haber recibido educación secundaria, ni estudiar en una Universidad, logramos superar todas las dificultades que surgieron en nuestros caminos, triunfamos en nuestras diferentes profesiones a nivel nacional y le dejamos a la sociedad colombiana unas familias que hoy están compuestas, en su totalidad, por hijas, hijos, nietas y nietos que triunfan en diferentes países del mundo.

Y precisamente hoy, cuando Ofelita Torres se recupera de una cirugía, en medio del cuidado de su amoroso esposo Alberto Fonseca y sus hijas e hijo, la encuentro a ella en una foto hermosa, que hace parte del artículo titulado “El amor familiar es clave para el éxito de las niñas y los niños”, publicado en esta Página Web el 4 de Septiembre de 2021, además de otra serie de fotografías históricas de la Familia Fonseca con las hijas e hijos, en otro tema titulado “Cómo formar niñas y niños exitosos hoy”, publicado el 8 de Julio de 2021.

Gilma Beatriz Fonseca Navarrete, el Profesor Ismael Peña, Director de la “Escuela Thomas Jefferson” y la señorita Inés Herrera, festejan la visita del Embajador de los Estados Unidos, Fulton Freeman, al barrio “La Perseverancia”, para inaugurar el plantel construido con aportes de la Misión Americana en Bogotá.

Cinco años después de la visita del Presidente Kennedy a Bogotá y del Embajador Freeman al “Barrio La Perseverancia”, el impacto de los resultados sociales de la “Alianza para el Progreso” era evidente:

  1. Más de 27 millones de latinoamericanos se habían beneficiado con la construcción de 2.500 acueductos;
  2. Más de 23 millones de personas pobres habían recibido “Alimentos para la Paz”;
  3. 81 organizaciones de ahorro y crédito habían financiado la compra de 25.000 viviendas;
  4. Se habían hecho cerca de 300.000 préstamos para agricultura;
  5. Y más de 10.000 enfermos se habían beneficiado con la construcción de 906 hospitales y unidades sanitarias.

Ese fue el resumen presentado por el Embajador de Estados Unidos en Colombia, Reynold E. Carlson, al hablar en Ciudad Kennedy, durante el aniversario de la muerte del Presidente Kennedy y así quedó reseñado en el libro “250 años de la Independencia de Estados Unidos”, que aparece en inglés y español en esta Página Web, al hacer clic en el ícono “Relaciones de Amistad Colombo Americana de 1960 a 2018”.

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Próxima entrega: Gilma Beatriz Fonseca se gradúa de Diseñadora de Modas, entra a trabajar en “Almacenes Telandia” y conoce al que será el padre de una Princesa de Corazones a quien llamarán por el hermoso nombre de Dina Heide. Al mismo tiempo diseña y confecciona un bello traje para la Primera Comunión de su hermanita Magdalena, homenajea a las hijas de su tío Jesús Fonseca Gutiérrez y se convierte en el centro de las miradas de los bogotanos por su elegancia femenina, mientras su hermano Alberto atrae la atención de las estudiantes de los colegios de Bogotá por su elegancia masculina.

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