EL ESPECTADOR, 135 años de historia

EL ESPECTADOR, uno de los periódicos más importantes de Suramérica, cumplió 135 años el 22 de marzo de 2022, bajo la dirección de Fidel Cano Correa, uno de los más fervientes defensores de la libertad de prensa en Colombia, líder de la lucha contra la corrupción de los poderosos y quien ha logrado consolidar exitosamente al diario en el competido mundo digital. (Foto de France 24.com).

El aniversario es celebrado recordando la historia de la fundación del periódico y la dolorosa cuota de sangre que ha aportado para impedir que el narcotráfico penetre la sociedad colombiana, desde el asesinato de su Director, Guillermo Cano Isaza, el 17 de diciembre de 1986, hasta el atentado del 2 de septiembre de 1989, cuando un camión cargado con 100 kilos de dinamita destruyó las instalaciones del diario en el Occidente de Bogotá (Colombia).

En esta oportunidad el aniversario representa para mí un acontecimiento especial, no solo porque en las instalaciones del periódico transcurrieron los primeros 30 años de mi vida, sino porque la visión futurista de Don Gabriel Cano Villegas y sus hijos Luis Gabriel, Guillermo, Alfonso y Fidel Cano Isaza, adquiere en abril de 2022 una dimensión trascendental para el mundo, porque les recuerda a los empresarios del sector agrícola internacional la importancia de ser previsivos, de anticiparse al surgimiento de problemas como la guerra en Ucrania y de tomar decisiones que pueden evitar una hambruna global, salvando al mismo tiempo las vidas de miles de millones de seres humanos, como lo explicaré en otro artículo.

EL ESPECTADOR, 135 años de éxito empresarial

Durante varias décadas, a lo largo del Siglo XX, expertos en administrar empresas familiares, coincidieron en calificar al periódico EL ESPECTADOR, de Bogotá (Colombia), como una de las entidades privadas más eficientes de América del Sur.

Esto fue posible porque la relación de las Familias Cano Villegas y Cano Isaza con sus trabajadores siempre se distinguió por la cordialidad y el respeto entre patronos y empleados, como quedó demostrado en varias gráficas que se incluyen en este artículo. Aprovecho la oportunidad para presentar disculpas a los lectores y lectoras por citar los nombres de personas que ellos y ellas no conocen, pero lo hago porque a mis 80 años de edad me parece justo rendir un homenaje sincero a los hombres y mujeres que constituyeron la fuerza laboral que contribuyó a forjar esta gran empresa editorial, durante parte de los 135 años que hoy festejamos.

La primera de las gráficas mencionadas, captada en 1961, muestra a Don Gabriel Cano Villegas (de pie sobre una tarima), durante la colocación de la primera piedra para la construcción de una moderna sede del periódico en el barrio “Las Granjas”, al Occidente de Bogotá, donde uno de los diarios más famosos de América Latina por su independencia ideológica y su respeto a las libertades democráticas, dispondría de amplias oficinas de Administración, Redacción, Rotativas y bodegas.

En esa oportunidad, como lo muestra la foto captada por el Reportero Gráfico Guillermo Sánchez Rodríguez, el Presidente de la República de Colombia, Alberto Lleras Camargo y Doña Luz Isaza Restrepo (quienes observan a Don Gabriel Cano), compartieron con entusiasmo los aplausos con los cuales los trabajadores recibieron el anuncio de la iniciación de la nueva sede.

Del centro y hacia la parte superior de la foto, entre los empleados que rodean al Presidente Lleras Camargo y a Doña Luz Isaza Restrepo, aparecen el niño Luis Alberto Cano Martínez (quien acerca un vaso de agua a Don Gabriel); María del Carmen Navarrete Gómez (cuya imagen se observa al lado del rostro de Doña Luz); el linotipista Alfonso Salinas Grillo (su rostro aparece junto al vaso de agua); el Jefe de Cobranzas, Libardo Restrepo (aplaudiendo, al lado del Jefe de Estado); Francisco Mayorga (Jefe de Transportes, de bigote, ubicado entre los rostros del Primer Mandatario y Doña Luz); el Reportero Gráfico Jorge Parga (quien aparece con una cámara entre las manos); el Asistente de la Sección Internacional, Germán Navarrete (detrás del fotógrafo Jorge Parga) y Jorge Rojas, del Archivo de Redacción.

A espaldas de Don Gabriel aparecen Manuel Rodríguez, de la Rotativa, apodado “Pinocho” y Luis Celis, operario del Correo, quien en su niñez era objeto de caricias en la cabeza por parte del Presidente Laureano Gómez, porque los padres del niño trabajaban como vendedores en las puertas del Congreso de la República.

En la última fila, al lado de la camioneta, se alcanza a observar al Jefe de la Redacción Judicial, el abogado Guillermo García Guaje y quien, al retirarse del diario después de 30 años de servicio, fue designado Conjuez de la Corte Suprema de Justicia en Colombia. A su lado aparece el armador Pedro Puello, quien años después fue contratado por el diario LA REPÚBLICA, donde se desempeñó como Jefe de Armada. Más a la izquierda de la camioneta aparecen el Jefe de la Sección de Armada, Armando Pinzón Insignares (de anteojos, ubicado detrás del rostro de Germán Navarrete y el armador José Espinoza, apodado “Puskas”. Quien filma la escena, en la parte inferior, es un camarógrafo de la Presidencia de la República. A su lado aparece el Reportero Gráfico Luis Carlos Vargas. (Foto cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

En Colombia ha sido costumbre que un representante de la Iglesia Católica imparta su bendición a grandes obras de infraestructura, públicas y privadas, bajo el entendido de que al hacer esto la Divina Providencia protege los capitales invertidos, las instalaciones físicas y a las personas que trabajarán en su interior. Por este motivo, al iniciar la construcción de las bodegas del diario EL ESPECTADOR en su nueva sede del Occidente de Bogotá, un sacerdote bendijo el lugar y rezó una oración por la feliz culminación de las obras. En la ceremonia religiosa, efectuada en los años 60 del Siglo XX aparecen, de izquierda a derecha, Sergio Restrepo Jaramillo, Jefe de Publicidad, quien sostiene una lámpara Coleman con las manos; Francisco Mayorga, Jefe de Transportes y Nicolás Moscoso, Almacenista.

En el centro, de gabardina gris y con un objeto negro entre las manos, Don Gabriel Cano Villegas observa la bendición del párroco, acompañado por sus hijos Guillermo Cano Isaza (de anteojos) y Luis Gabriel Cano Isaza (quien aparece con los brazos cruzados). Siguen la ceremonia, además, dos delegados de un Banco de los Estados Unidos y representantes de un Banco colombiano, entidades que aportaron los préstamos con los cuales se financió la construcción de la sede del periódico. Aparecen, además, varios trabajadores del lugar.

En el extremo derecho (con el rostro de perfil), se observa a Luis Castillo, uno de los dos técnicos de la United Press International (UPI), encargados de supervisar la instalación de los sistemas eléctricos del edificio donde funcionaría el Equipo de Radiofotos, para que lo operaran los empleados Fernando Cervantes, Daniel Jiménez Ángel y Germán Navarrete. La bendición de las instalaciones del periódico se realizó en horas de la noche porque los delegados norteamericanos disponían de corto tiempo para asistir al evento, un fin de semana. (Foto de Guillermo Sánchez Rodríguez, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

Como se puede comprobar por esta imagen, el edificio que albergó la sede del periódico EL ESPECTADOR en el barrio “Las Granjas”, en los años 60 del Siglo XX, fue el primero que se construyó en la Avenida 68 entre las calles 22 y 23, en Bogotá. Hasta ese momento una extensa área del Occidente de la ciudad se hallaba completamente despoblada. Los vehículos que llegaban a la obra, como el jeep que aparece al lado derecho, accedían al lugar por la vía que se hallaba en construcción desde el Norte. Mientras tanto, los trabajadores que nos trasladábamos desde la sede del “Edificio Monserrate”, en la Avenida Jiménez con carrera 4ª –en el centro de la ciudad–, debíamos caminar un largo trayecto desde la calle 13 hasta la calle 19, por entre un bosque cuyos árboles habían comenzado a ser talados, debido a que la Avenida 68 aún se hallaba en construcción y no se disponía de vías para automotores. En esa época el cableado eléctrico para los postes de la luz solo llegaba hasta la calle 19, de Norte a Sur. (Foto de Bernardo Ospina, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

Las instalaciones del periódico en el Occidente de Bogotá fueron destruidas el 2 de septiembre de 1986 por el atentado ordenado por Pablo Escobar y después demolidas definitivamente cuando las oficinas se trasladaron al Norte de Bogotá, donde funcionan en la actualidad al lado de la sede de Caracol y la revista Cromos. Debido a esos hechos solo quedaron fotografías que muestran los lugares donde funcionó EL ESPECTADOR en el Siglo XX.

Clásico de fútbol en el “Canódromo”

La amistad, el trato cordial y el respeto que caracterizaron las relaciones obrero-patronales en EL ESPECTADOR durante la segunda mitad del Siglo XX, se convirtieron en un referente nacional para muchos empresarios colombianos, debido a que con frecuencia los propietarios del periódico bogotano compartían alegres tardes deportivas con sus empleados en un extenso terreno que hacía parte de las instalaciones de la empresa, denominado con el simpático nombre de “El Canódromo”.

En una de esas tardes inolvidables fue captada esta gráfica, durante un clásico de fútbol que enfrentó a los equipos EL VESPERTINO (en el lado izquierdo y cuyas camisetas llevaban la letra V sobre fondo negro) y EL ESPECTADOR (en el lado derecho y que se distinguía por usar camisetas con la letra M, de Matutino, en un fondo blanco).

Hoy, cuando casi la totalidad de quienes aparecen en esta fotografía histórica se ha ido de este mundo dejándonos el recuerdo de su bella amistad, las anécdotas simpáticas y los cuentos que nos hacían reír a carcajada plena…, es muy grato mencionar uno por uno a aquellos a quienes se ha podido identificar:

EL VESPERTINO: En el lado izquierdo de la gráfica aparecen de pie, de izquierda a derecha 1) Francisco “Kiko” Moncada (un operario de la Rotativa, de voz imponente e infatigable trabajador), 2) Alfonso Cano Isaza (Gerente de Circulación, como todos los Cano de su época, amante del equipo de fútbol Santa Fe), 3) Víctor “El Rusito” Espitia (de Oficios Varios), 4) Humberto Sánchez (hermano del Jefe de Rotativas y quien años después tuvo su propia Agencia de Prensa en Cali), 5) Fabio Isaza Uribe (Editor Internacional, quien también trabajaba para el Banco de la República), 6) Guillermo Cano Isaza (Director de EL ESPECTADOR) y 7) Mario Bustamante, en el centro. Mario era el Director Técnico de los dos equipos. Fue jugador profesional de fútbol en Santa Fe y al retirarse de EL ESPECTADOR se dedicó a la venta de artículos deportivos en la calle 17 entre 6ª y 7ª, al lado de la “Casa Olímpica”, en Bogotá.

En el mismo lado izquierdo de la foto, pero en posición de acurrucados, aparecen de izquierda a derecha: 1) Ricardo Cañón (de Redacción), 2) Víctor Chala (de Contabilidad y del Fondo de Ahorros), 3) Luis Velásquez (de la Fundición de Avisos, conocido como “El Negro Guayo”); 4) Fabio “El Chato” Bustamante (Armador), 5) Luis Eduardo Palomino Díaz (quien entró de mensajero y después fue Jefe de Redacción con Pablo Augusto Torres Roncancio), 6) Humberto Barbosa (Rotativas. Asesinado por un drama pasional) y 7) Alirio Ortega (Jefe de la Armada).

EL ESPECTADOR Matutino: En el lado derecho de la gráfica, en posición de acurrucados, aparecen de izquierda a derecha 1) Julio Jiménez (de Fotograbado); 2) Héctor “El Toro” González (de la Armada), 3) Daniel Jiménez Ángel (de Redacción), 4) Ernesto Muñoz Neira (de la Armada), 5) Argemiro “El Bombardero” Monroy (Linotipista, hermano de Álvaro Monroy Caicedo, de Publicidad), 6) Alfredo Bustamante (de la Armada) y 7) Pedro Niño (también de la Sección de Armada).

En el mismo lado derecho, de pie, aparecen 1) Luis Caicedo, conocido como “Yeciño” y 2) Alfredo Niño (ambos de Fotograbado); 3) Alfonso “El Largo” Bernal (de camisa negra), 4) Oscar Montes (de Rotativas); 5) Gerardo Ayala (de Contabilidad, integrante del equipo de fútbol “Los Piratas”, de EL ESPECTADOR, quien pereció junto con otros empleados del periódico, cuando se accidentó el avión en el cual se dirigían a la ciudad de Cali para jugar un partido de fútbol), 6) Hernando Gómez “El Ciego”, (de Rotativas y sastre de profesión), y 7) Luis Alberto Barrero Rubiano (de la sección de Armada. Fue jugador profesional del equipo de fútbol Deportivo Santa Fe y llevado por Don Alfonso Cano Isaza a trabajar en el periódico). El penúltimo es Manuel Pérez, del Correo, quien lleva una cinta blanca sobre la camiseta gris que le cubre la mitad del cuerpo. (Foto de Germán Castro Cifuentes, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

La historia desconocida de la Cajera de EL ESPECTADOR

Una tercera imagen que muestra la cordialidad de las relaciones obrero patronales vigentes en EL ESPECTADOR, fue captada cuando se retiró la Cajera General, Doña Maruja Rojas Vargas, quien desempeñó el cargo por espacio de 45 años, desde cuando el periódico funcionaba en el centro de Bogotá y después en la sede del Occidente de la ciudad. Marujita, como la llamábamos cariñosamente, recibe un reloj de pared, de manos de Doña Inés Martínez de García, Directora del Jardín Infantil “Luz Isaza de Cano”). (Foto cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

En la despedida aparecen, de izquierda a derecha: Nicolás Moscoso (el almacenista), Arquímedes Flores (de anteojos, saco gris y corbata de rayas, interventor de la construcción de la obra de la Avenida 68 (Las Granjas); Ramón Alberto Ávila (moreno, de barba, quien giraba la nómina de los empleados); Efraín Pineda Martínez (Jefe de Circulación), Dora de Ritter (de abrigo claro, Secretaria de Don Fidel Cano Isaza en la Gerencia de Publicidad); Gladys Peñuela (Secretaria de Don Alfonso Cano); Cecilia Gaitán (de la Oficina de Personal); Margarita Zuluaga (secretaria de Bernardo Ramírez, el Jefe de Personal) y Don Alfonso Cano Isaza, Gerente de Circulación.

A continuación, desde Don Alfonso Cano hacia la derecha de la foto, aparece la periodista Leonor de Lozano (de vestido negro y quien sostiene un objeto entre las manos. En los años 60 del Siglo XX ella era la suegra del periodista e historiador Oscar Alarcón Núñez, autor del libro “Panamá, capital de Colombia. Historia de una Propuesta”. Durante varios años, Oscar ejerció como periodista en EL ESPECTADOR, Notario 46 de Bogotá y Superintendente de Notariado y Registro. En 2022 sigue siendo famoso a nivel nacional por sus columnas sobre anécdotas políticas, que le publican EL ESPECTADOR y la revista Semana).

Después de Doña Leonor de Lozano aparecen Alfonso Moscoso Brochero (de anteojos oscuros, camisa blanca y traje claro con un pañuelo en el bolsillo superior del saco, quien reemplazó a Maruja Rojas como Cajero General y ejerció el cargo desde 1960 hasta 1997); Alberto Marín (de anteojos oscuros y cuyo rostro se aprecia junto a un adorno de pared); Fernando Ramírez (el más alto del grupo, quien murió en el accidente aéreo del cual se salvó el empleado Neftalí García); Humberto Sánchez Galarza (de anteojos, hermano de Julio y Martín, veteranos operarios de las Secciones de Rotativas en EL TIEMPO y EL ESPECTADOR). Por último, aparecen Eladio Ruiz (portero, de gabardina) y la señora Paulina Herrera, distribuidora del periódico.

La contemplación de los rostros de las personas mencionadas, con quienes trabajé durante mucho tiempo, me permite señalar que a lo largo de mi vida como periodista he comprobado que cada ser humano es un universo dotado de conocimientos y experiencias maravillosas. En algunos casos constituyen verdaderos legados de sabiduría que se han ido perdiendo con el paso del tiempo, como las tradiciones orales, culturales y científicas de los pueblos ancestrales y los numerosos idiomas tribales de la Selva del Amazonas, que gracias a valiosos funcionarios de algunos gobiernos hoy han sido rescatados.

En otros casos, ocurridos en las grandes ciudades, como fue el de la señorita Maruja Rojas Vargas, la Cajera General del diario EL ESPECTADOR, las situaciones pasan totalmente desapercibidas para la mayoría de quienes trabajan con los protagonistas de las historias.

Efectivamente, la casi totalidad de los miembros de la Familia Cano Isaza, al igual que los periodistas, empleados administrativos y operarios de EL ESPECTADOR, nos acostumbramos a ver en la señorita Maruja Rojas Vargas solamente a la persona que permanecía al frente de la Caja General y nos pagaba el dinero de los salarios. Nada más. Primero porque todo el mundo solo tenía tiempo para su trabajo. Nunca había tiempo, ni motivos, para hablar con ella de asuntos personales. Y segundo porque ella siempre le dedicó el cien por ciento a sus labores financieras y únicamente dialogaba de sus asuntos particulares con los Cano, o con el Contador de la empresa, Don Alberto Blanco, otro funcionario poco conversador con los empleados.

Casi todos quienes tratamos con Marujita, ignoramos siempre que su padre era el propietario de uno de los dos hoteles que funcionaron en la Plaza de Bolívar hasta 1948. Solo en 2020 conocí la historia de la Cajera General, cuando avanzaba en la recopilación de datos sobre mi trabajo de joven en el periódico, al lado de las familias Cano Villegas y Cano Isaza.

Según el relato hecho por Doña Maruja Rojas Vargas a quien se desempeñaba como Cajero Auxiliar de EL ESPECTADOR, Alfonso Moscoso Brochero –y conocida por el autor de esta página Web a través de Alfonso–, el padre de Maruja era propietario de un hotel que había sido construido a comienzos del Siglo XX en la parte izquierda del costado Norte de la Plaza de Bolívar, como se aprecia en la siguiente gráfica. Las edificaciones, destruidas durante “El Bogotazo” –causado por el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948–, fueron demolidas para construir la sede del Palacio de Justicia, que años después fue incendiado y destruido durante la “toma” por el movimiento guerrillero M19 y la “retoma” por el Ejército Nacional.

Aspecto de la Plaza de Bolívar de Bogotá (Colombia) en 1938, captado desde las escalinatas del Capitolio Nacional con vista al Norte, que permitía ver la cúpula del Convento Santo Domingo, demolido a partir de 1939. (Foto de la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá, dedicada a la conmemoración del cuarto centenario de la fundación de la ciudad. Centro de Documentación Navarrete)

El hotel del padre de Doña Maruja Rojas funcionaba en el edificio de 4 pisos que se aprecia al lado izquierdo de la gráfica. Las habitaciones habían sido construidas con balcones y ventanas de gran tamaño, para brindar a los huéspedes un lugar privilegiado, desde el cual podían admirar la belleza de las cuatro fuentes que durante las noches iluminaban la antigua Plaza de Bolívar. Las dos edificaciones principales del sector eran consideradas por expertos como joyas de la arquitectura europea de comienzos del Siglo XX.

Precisamente porque las fachadas de los dos edificios son diferentes a las de las casas adyacentes, cuyos techos eran protegidos con tejas de barro, y porque la forma de las ventanas es muy similar a las del “Torreón de la Bandera”, del Colegio de San Bartolomé, ubicado a corta distancia de las edificaciones de la gráfica, todo parece indicar que las dos construcciones correspondían al “Periodo republicano de la arquitectura colombiana”, lo cual indica la importancia urbanística que este lugar tuvo en la historia de la capital del país, desconocida por los habitantes de hoy. (Para mayor información ver fotografías y textos en: https://www.revistacredencial.com/historia/temas/la-arquitectura-en-colombia-en-varios-tiempos

Después de contemplar la belleza urbanística de la que en la época de La Colonia y hasta los primeros años del Siglo XX era llamada “La Plaza Mayor de Santafé de Bogotá” –según los documentos que reposan en el Archivo de Bogotá, entidad que depende de la Secretaría General de la Alcaldía Mayor de la ciudad–, no se puede dejar de sentir nostalgia cuando se observa que, en 2022, en este histórico lugar los turistas nacionales e internacionales contemplan una imponente, pero gélida fachada del nuevo Palacio de Justicia y una plaza vacía, adecuada para permitir la reunión de 25.000 personas en el “Día del Trabajo” (los días Primero de Mayo de cada año) y para albergar manifestantes en épocas de campañas electorales o en marchas de protestas como las de 2021, cuando es necesario cubrir la estatua del Libertador Simón Bolívar para protegerla de los vándalos que la embadurnan con pinturas, le escriben grafitis y la convierten en objeto de burlas, a diferencia de otros países, donde los monumentos históricos se cuidan y respetan totalmente.

La visión futurista de Don Gabriel Cano Villegas

En 1923, al trasladarse de Medellín a Bogotá para encargarse de la Gerencia de EL ESPECTADOR en la capital del país, Don Gabriel Cano Villegas se había alojado en el hotel del padre de Doña Maruja Rojas, quien en esa época era una adolescente. Un día, cuando conversaba con el propietario del establecimiento, Don Gabriel quedó impresionado por la forma meticulosa como la joven llevaba por escrito las cuentas de ingreso y egreso del hotel, llegando inclusive a clasificar los billetes por denominación y las monedas por tamaño, además de asignar espacios seguros para el dinero con el cual los huéspedes cancelaban sus cuentas.

Luego de evaluar durante varios días la seriedad, la disciplina y la capacidad de trabajo de la joven, Don Gabriel habló con el padre de Maruja y le preguntó si le permitiría trabajar en EL ESPECTADOR para encargarse de una labor similar a la que ejercía en el hotel, con perspectivas de progreso en un Medio de Comunicación llamado a ser uno de los más importantes de Colombia.

El señor Rojas manifestó que no estaba de acuerdo “porque ella es mi mano derecha en asuntos de contabilidad y porque la estamos preparando para que asuma la gerencia del hotel cuando sea necesario”. Don Gabriel, quien se distinguía por su visión de futuro y tenacidad, le manifestó a Rojas que estaba de acuerdo con su punto de vista, pero insistió varias veces en que la familia le diera una oportunidad a Maruja de vincularse al periódico Y para demostrarle su buena fe al padre de la muchacha, Don Gabriel le expresó que, si ella no se sentía a gusto en EL ESPECTADOR, podría regresar inmediatamente a su hotel.

Al final, el padre de Marujita aceptó los argumentos de Don Gabriel por la forma clara y sincera con la que él planteaba la situación y permitió que la joven colaborara con el manejo de asuntos financieros en el periódico que ya llevaba 5 años funcionando en Bogotá. El acierto del nombramiento de Maruja Rojas Vargas como Cajera General de EL ESPECTADOR, por Don Gabriel Cano Villegas, quedó plenamente demostrado durante 45 años, tiempo en el cual ella ejerció el cargo con absoluta pulcritud y sin ninguna clase de falla administrativa.

El ejemplo que daban los miembros de las familias Cano Villegas y Cano Isaza en sus relaciones con los trabajadores, fue seguido por la nueva generación de futuros directivos. Así lo demostró la participación del joven Fidel Cano Correa (segundo de izquierda a derecha y quien hoy se desempeña como Director del periódico), en la celebración del cumpleaños del operario de la Sección de Armada de EL ESPECTADOR, Ernesto Muñoz Neira (primero de izquierda a derecha). El acto se realizó en la casa de habitación del homenajeado, en Ciudad Kennedy, en inmediaciones del Instituto Nacional de Educación Media (INEM) construido por el Ministerio de Educación con capacidad para 6.000 estudiantes.

En la reunión aparecen, además, los también operarios de la Armada, Edgar González (de chaqueta blanca, en primer plano), y Bonifacio Tinjacá Penagos (cuarto de izquierda a derecha). En el centro aparece la señora Ernestina Jiménez Ángel de Muñoz, hermana del periodista Daniel Jiménez Ángel. (Foto de José del Carmen Sánchez Puentes, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

Don Guillermo Cano Isaza (izquierda), trabaja con Gustavo Rivera en el diagramado del “Magazine Dominical”. (Foto de Martín Rodríguez, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

Otra muestra del aprecio que la Familia Cano Isaza sentía por sus trabajadores, la dio Don Guillermo Cano al hacerle caer en cuenta al diagramador del “Magazine Dominical”, Gustavo Rivera, que se aproximaba su edad de pensión sin que él hubiera adelantado trámite alguno. (Foto de Martín Rodríguez, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).

Según el relato hecho por Gustavo Rivera al autor de esta Página Web, durante los debates previos a la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente para crear la Constitución de 1991, Don Guillermo le hizo caer en cuenta que se acercaba la desaparición y liquidación del que entonces se llamaba Instituto Colombiano de Seguros Sociales (ICSS y que hoy se conoce como Colpensiones), por lo cual era necesario actuar rápido para que tramitara su jubilación oportunamente.

Como Gustavo no tenía tiempo para hacer trámites ante el Seguro Social en horas de trabajo, Don Guillermo encargó al Jefe de Personal, Bernardo Ramírez y a su auxiliar Margarita Zuluaga, para que se pusieran en contacto con la entidad, averiguaran cuántas semanas había cotizado, qué trámites se requerían y qué documentos debían presentarse.

Por esta actitud patronal, Gustavo Rivera manifestó siempre su eterno reconocimiento a Don Guillermo Cano, porque gracias a su apoyo pudo pensionarse y adquirir una casa de habitación en el barrio “Américas Occidental”, en el sector de la Avenida de las Américas con la Avenida Boyacá, en Bogotá. En la vivienda funcionó durante varios años la fotocopiadora “Emily”, como homenaje a su esposa Emilia Ortega. Gustavo falleció en la ciudad de Fusagasugá en marzo de 2022 y a su sepelio asistieron los ex compañeros de EL ESPECTADOR.

Una última demostración del aprecio de Don Guillermo Cano Isaza por sus trabajadores, la tuvo el autor de esta Página Web, cuando el Director de EL ESPECTADOR fue su Padrino de Matrimonio, junto con Doña Ana María Busquets de Cano, tema del cual quedaron numerosas gráficas en el libro “Bodas de Oro Navarrete Andrade”. El documento puede verse haciendo clic en la pestaña respectiva de esta página. (Foto de José del Carmen Sánchez Puentes, cortesía de EL ESPECTADOR. Centro de Documentación Navarrete).